Por mirar tanto el reloj, el tiempo ha corrido más lento que de costumbre. Mi insana obsesión acerca de que dios no quería ayudarme se había vuelto la mejor excusa para minimizarme y gritar con el rostro escurriendo que me perdonaras, nunca fui objeto de tu amor pero tu mano se cruzaba con la mía de vez en cuando, la apretabas y deslizabas tu dedo meñique por el costado de mi palma. Siempre creí que tus vestidos los lucías tan bien sólo para hacerme sentir celoso y muerto de miedo, los demás apuntaban hacia ti y te embestían con jugosas ofertas de un edén con esmog. Tus labios tocaban los míos pero tu modo de verme me hacia pensar que saboreabas más los tuyos.
Tu no lo sabes pero sé qué maquillaje usas y qué perfume te hace sentir habitante de otro continente. Nunca me hablaste de tu familia pero los amaba igual. Te ibas y volvías a mí de manera segura, era claro para ti que yo siempre te recibiera con mis pensamientos llenos de amor y de olvido, dejabas atrás tus pecados para hacerme cometer los míos, ¿Por qué si tu modo de amarme suena tan cruel sigo aquí escribiendo cartas para ti? la respuesta me la diste tú.
Un día desafortunado sentí que querías apartarte de este hombre sin barbilla y con ojos prominentes, me esmeré por darte una realidad a tu medida pero no conseguí interés de tu parte, rondabas por las avenida, repartiendo breves sonrisas y seguías aquí, admirando las rosas blancas que te dí yo, por supuesto.
Una noche tocó a la puerta una hermosa jovencita, de caderas perfectas y boca extrañamente pequeña, como ya te había explicado ella necesitaba ayuda con su automóvil y yo se la brindé, ella se inclinó para besarme cuando termine con mi acción de caballero, tú llegaste y lo demás ya lo sabes... me abandonaste.
El motivo de mi carta es por la añoranza y por saciar mi curiosidad, ¿Por qué no me dijiste que esa chica era tu hermana? y ¿Por que a ella no la has dejado de amar?.
viernes, 19 de abril de 2013
miércoles, 20 de marzo de 2013
Vivo con fantasmas
La casa por poco me come, el rastro que dejaron estos entes fue brutal y el polvo persiste aún con los mejores químicos multicolores. A veces cuando me encuentro sola vienen a atosigarme tus espíritus, me dicen cosas que me rehusó a creer y me jalan el cabello, casi siempre se ríen de mi y yo no puedo hacer nada, de vez en cuando sollozo, me revientan las ganas en el pecho de decirte las cosas que me pasan, pero sé de ante mano que tú no quieres sacar la basura de la casa.
Trato de hacer un balance, pienso en como yo me deshice de mi propia basura, ¿Lo hice bien?, ¿Me demoré en hacerlo?. El monstruo que produce la basura atormenta nuestro hogar, ¡Maldita sean los fantasmas a los que invitaste a vivir aquí!, no se si lo sepas pero lo que cuenta es lo que vive, lo tangible y tu a ellos ya no los puedes tocar.
La casa apesta a basura, ese monstruo tiene una pintura en la pared, ¿Tu crees que es arte?, yo creo que es masoquismo verlo cada día, se que le gustaban las estrellas de mar y las nubes rosas, la basura me lo dice, eso puedo verlo y tú también. . . tú también.
El monstruo que me acorraló una vez tuvo que irse de mi vida por que así lo quise, queme las pinturas, las hojas donde dibujaba y las cartas que me escribía para no sentirse un monstruo (pero sí lo era), ¿Y los fantasmas? los expulsé, les grite que se fueran para que tu pasaras y no te dieras cuenta de su horrorosa presencia, mi lugar y mi lecho te los presente libres, inmaculados y blandos para que tú te sintieras amado y único. Se que tu monstruo en verdad era un monstruo, te hirió de gravedad con un mazo de azúcar y aun así lo dejaste vivir contigo, medio muerto, medio vivo.
Si me hubieras dicho que ese fantasma aún habitaba tu casa me hubiera alejado hasta que tuvieras el valor de expulsarlo tal como lo hice yo. La basura sigue ahí y parece que crees que no me doy cuenta, ¿Qué hace un gigante con zapatos tan pequeños? Nada, no hace nada por que no son suyos y eso también lo sé.
Espero ansiosa el día en que ya no haya despojos, ni monstruos ni fantasmas en tu casa, por que no, no a todo nos acostumbramos, por lo menos yo a vivir con ellos, jamás lo haré.
Trato de hacer un balance, pienso en como yo me deshice de mi propia basura, ¿Lo hice bien?, ¿Me demoré en hacerlo?. El monstruo que produce la basura atormenta nuestro hogar, ¡Maldita sean los fantasmas a los que invitaste a vivir aquí!, no se si lo sepas pero lo que cuenta es lo que vive, lo tangible y tu a ellos ya no los puedes tocar.
La casa apesta a basura, ese monstruo tiene una pintura en la pared, ¿Tu crees que es arte?, yo creo que es masoquismo verlo cada día, se que le gustaban las estrellas de mar y las nubes rosas, la basura me lo dice, eso puedo verlo y tú también. . . tú también.
El monstruo que me acorraló una vez tuvo que irse de mi vida por que así lo quise, queme las pinturas, las hojas donde dibujaba y las cartas que me escribía para no sentirse un monstruo (pero sí lo era), ¿Y los fantasmas? los expulsé, les grite que se fueran para que tu pasaras y no te dieras cuenta de su horrorosa presencia, mi lugar y mi lecho te los presente libres, inmaculados y blandos para que tú te sintieras amado y único. Se que tu monstruo en verdad era un monstruo, te hirió de gravedad con un mazo de azúcar y aun así lo dejaste vivir contigo, medio muerto, medio vivo.
Si me hubieras dicho que ese fantasma aún habitaba tu casa me hubiera alejado hasta que tuvieras el valor de expulsarlo tal como lo hice yo. La basura sigue ahí y parece que crees que no me doy cuenta, ¿Qué hace un gigante con zapatos tan pequeños? Nada, no hace nada por que no son suyos y eso también lo sé.
Espero ansiosa el día en que ya no haya despojos, ni monstruos ni fantasmas en tu casa, por que no, no a todo nos acostumbramos, por lo menos yo a vivir con ellos, jamás lo haré.
lunes, 21 de mayo de 2012
Cada cabeza es un mundo
Brillaba como si fuese la última vez que pisaba el cielo. Su trabajo era arduo pero no abrumador, no daba lugar a la monotonía ya que siempre se le cruzaba algo nuevo, volteaba su cabeza hacia arriba para robarle un momento de inspiración al caos que se formaba en el firmamento. Tenía dos hijos que estaban por convertirse en seres independientes, la ciudad seguro los arroparía muy bien aunque no podía olvidarse de los peligros que rondaban a los de su clase.
Abigail, como le decía un viejillo en la plaza gustaba de quebrar caramelos en las avenidas, comía migajas sabrosas, sobre todo por que se las daban con amor. Fluía libre entre las casas y se sonrojaba al ver su reflejo en las vidrieras, la excepción de sus placeres era tener que bañarse con agua fría y la gente con malas intenciones que empañaban sus buenos deseos.
Esa tarde que amenazaba con envolver a las criaturas en lluvia, Abi partía hacia su casa donde la esperaban sus maduros hijos, no tenía un compañero desde hace tiempo, pero no importaba ya que su hogar estaba en lo alto de la ciudad, tenía la vista más hermosa que existía y aire fresco, en fin, comodidad. Al cruzar la avenida grande se distrajo por que vio al viejo que la había bautizado, bastaron esos segundos fuera de concentración para que un enorme camión se encontrara cara a cara con ella, y es cierto; todos sus recuerdos comenzaron a retumbar en sus ojos como si fueran pantallas de un cinema, el impacto se hizo presente en su rostro y en todo su cuerpo, el alma se le iba en estertores y se balanceaba en el piso... su ultimo pensamiento erizo su piel "Que corta es la vida de nosotras las palomas".
Abigail, como le decía un viejillo en la plaza gustaba de quebrar caramelos en las avenidas, comía migajas sabrosas, sobre todo por que se las daban con amor. Fluía libre entre las casas y se sonrojaba al ver su reflejo en las vidrieras, la excepción de sus placeres era tener que bañarse con agua fría y la gente con malas intenciones que empañaban sus buenos deseos.
Esa tarde que amenazaba con envolver a las criaturas en lluvia, Abi partía hacia su casa donde la esperaban sus maduros hijos, no tenía un compañero desde hace tiempo, pero no importaba ya que su hogar estaba en lo alto de la ciudad, tenía la vista más hermosa que existía y aire fresco, en fin, comodidad. Al cruzar la avenida grande se distrajo por que vio al viejo que la había bautizado, bastaron esos segundos fuera de concentración para que un enorme camión se encontrara cara a cara con ella, y es cierto; todos sus recuerdos comenzaron a retumbar en sus ojos como si fueran pantallas de un cinema, el impacto se hizo presente en su rostro y en todo su cuerpo, el alma se le iba en estertores y se balanceaba en el piso... su ultimo pensamiento erizo su piel "Que corta es la vida de nosotras las palomas".
viernes, 24 de febrero de 2012
Cenicienta no pudo ir a China

¿Qué tan desesperante puede ser el hecho de saber tu destino y peor aún si alguien más lo eligió por ti?. Cenicienta no tenía idea de las cursis y desoladas poses que tendría por el resto de su vida al casarse con el Príncipe cuyo nombre nadie recuerda, sabía que tenía que ser forzosamente ama de casa por que no hacia nada más que eso, limpiar, ordenar, cocinar y hablar con ratones por si fuera poco, ah claro... también sabia cocer y los ratones igual, ¿Quién le enseño a quién?, ¿Qué tan mediocre puedes ser si tus "maestros" son unos roedores que creen que un gato es Satanás?. Bueno.
Las princesas como ella se manejaban en un ambiente medio denso por no decir superficial, pobre de aquella que fuera fea por que su destino era ser mala y sí parecía buena se le trataba aun así como malvada, claro, estas si podían aventurarse a otras cosas bajo la debida supervisión de sus madres; Cenicienta no tenía madre... ni pensamientos liberales, a ella la conquisto un hombre guapo, rico y párenle de contar.
Así que el caso de Cenicienta no es peculiar, ni de risa, ni felicidad; al fin y al cabo no hizo nada por su propia voluntad, fue al baile por que los amigos la impulsaron, se enamoro por que el escritor así lo quiso, se caso por que era de esperarse, que fatal pienso yo.
Cenicienta no pudo ir a China, ni hacer una carrera en el ramo de la mercadotecnia, no entro a ningún club deportivo y peor aún, no tenía la mínima idea de quien era, sí, era un ente desconocido, muy bonito y con pie pequeño, tal vez nunca contribuyo a la ciencia ni al arte pero quizás si viajo, aunque fuese en un orgasmo congelante al lado del príncipe azul llegando hasta el espacio y dejando una zapatilla de cristal en la luna, su vida galante y romántica la esperaba todos los días por que tenía la certeza de que era inmortal, que era feliz como estaba y entonces el resto del mundo y yo estábamos equivocados.
viernes, 27 de enero de 2012
Old Spice
Las calles por las que nunca transitaba se veían grises y con poco candor, después pudo observar monstruos con piel de gelatina que se caía a cada paso que daban, eran verdes y con olor a pasto, tullidos por el sol y por el frió. Sus zapatos marcaban desalineación, era una chica despreocupada después de todo, tenia catorce años, dos fracturas y tres abrazos de amor.
A todos incluyendo al señor Horacio que pecaba de entrometido les preocupaba de sobremanera que no tuviera amigos, animales ni vestidos bonitos; su madre que en aquel entonces solo se conformaba con llevar a cabo dudosas recetas de la televisión se había impresionado por el poco apego e importancia que tenia su hija para con las cosas. Para ponerle santo-remedio al comportamiento terrorista de la niña tuvo que llevarla a una terapia barata, tenía la esperanza de que la iba a curar como si se tratase de una infección vaginal.
El consultorio era fresco, tenía hermosas flores artificiales y polvosas, la psicóloga hablo, la niña escucho y como si fuese un libro de bolsillo se dejo leer fácilmente, dijo lo que tenía que decir.
No había diferencia entre los rostros de las personas, se sentían igual como cuando quiso participar en la obra teatral de la escuela, le dieron el papel de arbusto y aun así no se indigno, ni siquiera sintió enfado, era un papel importante, por algo estaba hecho. No había niveles ni conformismos, no había ambición, se daba el trago de la vida como se lo iban sirviendo por que todo lo que recibía era por su causa.
La madre se despertó temprano, hizo sus deberes y llevo de nuevo a su hija a la terapia. Llegando al consultorio se sentó y le dijo a la psicóloga, -Dígame, ¿Usted cree que mi hija tiene un problema?, - suspiro, -No, para nada, pero dígame usted, ¿Es verdad que le pone desodorante a la comida?.
martes, 13 de septiembre de 2011
Un lienzo mas suave
Muchas veces pensó en cambiar, no sabia como ni sabia por qué pero lo que si sabia era que hasta su pez Gordolfo la juzgaba por su estricta estética, no podía dejar pasar ni un detalle por que ella misma se reclamaba en voz alta dándole así un aire esquizofrénico.
En los días de su pre-pubertad descubrió en un puesto de revistas lo que parecía una libro, era un disparo a la vista; cabello singular y retorcido como el cable de un teléfono, colores bailadisos en perfecta armonía, su mente recibió el llamado; ella ya no seria común y corriente, quería resaltar como lo hacían las albóndigas en un plato lleno de espaguetis, con un gesto algo travieso uso su creatividad para algo mas que pintar.
Como era de esperar su madre puso el grito en el cielo... ¿Como podía ser posible que a su hija se le metiera tan retorcida idea en la cabeza?,-hija, como puedes ver somos pobres, eso de vestirte a la moda, llamar la atención...mmm nomas no es para nosotras, te ves bonita así como estas, ándale cepíllese los dientes y váyase a dormir-.
Sin resignarse comenzó a ahorrar (lo que nunca había hecho) se fue a buscar lugares pulgosos, donde marcas que habían causado sensación yacían entre baratijas y hormigas, pensaba que había que verle lo bueno a las cosas; adquirió cosas de $2 y $3 pesos, completo lo que tenia en la cabeza, "tomo prestados" zapatos viejos de su mamá... se sentía bien, se sentía ella misma.
Para sorpresa de todos las criticas no tenían sentido para ella, mucho menos para avergonzarse, ella diseñaba, se atrevía, se arriesgaba y aunque no lucraba con esto ella era totalmente una artista.
jueves, 5 de mayo de 2011
Niñas

Las abejas hablan cuando logras entender las diferencias de los demás, esto lo descubrió Cuivalda el día en que corrió, el día en que sus pies alcanzaron la velocidad de sus pensamientos. Recordaba el sonido de las hojas secas muriendo entre sus pies, las flores que molestas golpeaban su rostro con elegancia, ese olor a humedad que se conectaba con el miedo en sus rodillas, podía acordarse de su mirada clavada en terror, su cuerpo se mecía como una silla vieja; su padre se estaba hundiendo en la tierra.
Su cumpleaños numero once estaba por llegar, su fiesta seria tradicional, velas, ponies, hadas, borrachos y tal vez regalos, era lo de cada año, era el mismo presupuesto, el mismo desgano y el mismo Pepto Bismol.
Para ese día tenia bien guardado un vestido que le había propinado la anciana Hak, la chica dulce de los 113 años, era una señora que vendía duendes en frasquitos y composta, por obvias razones tenia un sin fin de demandas de familias duende inconformes con los productos que ella ofrecía.
El pueblo parecía tranquilo ese mes, su cumpleaños no era un día especial, solo que por lo menos este año no estaría sola, tenia una manada de amigas con las que tenia un pequeño negocio de panques sin azúcar para guardar la linea, todas ellas asistirían a la fiesta, ah... vestían de colores pasteles, eso le encantaba a Cuivalda.
Todas ellas eran chismosas, compartían travesuras y el gusto por la lechuga pero Tanni, Tanni, Tanni era la mejor de todas, parecía la vista de si misma en un charco maloliente, podía pasar un ciclo escolar entero viéndola girar, su vestido alzaba el vuelo como las aves que se congregaban en el árbol del vecino, tenia listones en su cabello, perlas en sus oídos, flores en sus ojos y un lugar muy hondo en la mente de Cuivalda, era su mejor amiga, la mejor.
Su cumpleaños numero once estaba por llegar, su fiesta seria tradicional, velas, ponies, hadas, borrachos y tal vez regalos, era lo de cada año, era el mismo presupuesto, el mismo desgano y el mismo Pepto Bismol.
Para ese día tenia bien guardado un vestido que le había propinado la anciana Hak, la chica dulce de los 113 años, era una señora que vendía duendes en frasquitos y composta, por obvias razones tenia un sin fin de demandas de familias duende inconformes con los productos que ella ofrecía.
El pueblo parecía tranquilo ese mes, su cumpleaños no era un día especial, solo que por lo menos este año no estaría sola, tenia una manada de amigas con las que tenia un pequeño negocio de panques sin azúcar para guardar la linea, todas ellas asistirían a la fiesta, ah... vestían de colores pasteles, eso le encantaba a Cuivalda.
Todas ellas eran chismosas, compartían travesuras y el gusto por la lechuga pero Tanni, Tanni, Tanni era la mejor de todas, parecía la vista de si misma en un charco maloliente, podía pasar un ciclo escolar entero viéndola girar, su vestido alzaba el vuelo como las aves que se congregaban en el árbol del vecino, tenia listones en su cabello, perlas en sus oídos, flores en sus ojos y un lugar muy hondo en la mente de Cuivalda, era su mejor amiga, la mejor.
Cuivalda no pretendía comprender por qué pensaba tanto en su amiga, por qué sus ojos se hacían mas claros al mirarla y por qué reía como estúpida con sus chistes verdes, lo único que sabia y que entendía perfectamente es que ella la quería mucho; un abrigo de amor no podía combinar mal con nada.
Tal vez ella si sabia lo que hacia, lo que quería, lo que amaba y lo que perseguía, no flotaba en miedo como muchos otros. Ella sentía amor por ella, así de simple.
Ese día al suspirar el triple de veces de sus años se sentó emocionada a comentárselo a su padre, era su primer amor, quizás el ultimo, quizás no, el señor Frirdam con una negra tibieza en el rostro trono los dientes, la empujo hacia el sofá cama y grito con el mismo honor con el que se canta el himno nacional: "Antes de que seas una puta que me trague la tierra".
Tal vez ella si sabia lo que hacia, lo que quería, lo que amaba y lo que perseguía, no flotaba en miedo como muchos otros. Ella sentía amor por ella, así de simple.
Ese día al suspirar el triple de veces de sus años se sentó emocionada a comentárselo a su padre, era su primer amor, quizás el ultimo, quizás no, el señor Frirdam con una negra tibieza en el rostro trono los dientes, la empujo hacia el sofá cama y grito con el mismo honor con el que se canta el himno nacional: "Antes de que seas una puta que me trague la tierra".
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